«Llegué a los primeros escalones y veo que se me acerca uno que estaba drogado, sacado. Me ve y me pega una piña cerca de la nariz. Al querer salir corriendo, me caigo por la escalera y me golpeo la mano. Me dice: ‘Vos no tenés nada que hacer acá, estás regalado, ¿qué hacés con ese pantalón de Almirante?'», relató.
Un empleado lo ayudó a subir al tren y pudo llegar a su casa. Brian no sabía que en el barrio había «bronca» entre Morón y Almirante Brown. «Espero que sepa por qué levantó la mano. Para mí todos los clubes tienen que ser unidos. No podemos estar en la calle viendo una camiseta, insultando o cagando a palos porque sea de otro club», reflexionó.
El equipo de fútbol inclusivo reúne a 60 jóvenes con y sin discapacidad que entrenan dos veces por semana. «Para ellos el fútbol es una pasión, como para todos nosotros. Incluso más todavía porque por ahí, a raíz de que ellos no tenían ese espacio, lo sienten más», explicó Adrián Vizcarra, el coordinador de la actividad.
«Ahora vamos a jugar a la liga y son 30 y pico de instituciones, y están todos con todos, se encuentran, se abrazan, no hay diferencias ahí. Obviamente que al arrancar a jugar, juegan por la camiseta de ellos, pero es inclusivo, es inclusión», destacó.
Esta semana Brian volvió a los entrenamientos sin dudarlo. Sabe que Almirante es el lugar donde quiere estar. «Toda mi vida soñé jugar un torneo, salir campeón, levantar la copa con mis compañeros. Es es el sueño que tengo de toda la vida, que soñé de chico», confesó.