Hace casi tres décadas, cuando el surf argentino comenzó a transitar el largo camino del despegue, era todo a pulmón. Martín Passeri lo recuerda bien. El más ganador de torneos argentinos en la historia (seis) viajaba periódicamente en colectivo desde su casa en Buenos Aires hasta Mar del Plata, donde vivía su padre, para seguir la pasión que le había despertado el surf. Se quedaba algunos días con él, se metía al agua todo lo que podía y se volvía. Lo hizo entre los 13 y los 18 años, cuando terminó el secundario y decidió mudarse a la Feliz para surfear, con esfuerzo y determinación, el día a día de un incipiente profesionalismo. En ese sentido, fue el líder de una nueva generación, que abrió una puerta que disfrutan hoy.
