“En la NBA lo único que importa es ganar. Es ganar o la miseria. Así lo viví yo, siempre. Por eso hay que construir una cultura de trabajo, logrando que eso sea la base y que los jugadores nos tomen confianza para que hagan lo que queremos. La propuesta es que sean cada día más fuertes, disciplinados, ganadores, duros y hasta odiados por los rivales. Porque ganar, ganar uno solo”. Era 1998, cuando Pat Riley visitó la Argentina para dar una clínica para entrenadores y en un encuentro con un grupo selecto de periodistas impactó con un discurso que pareció tan realista como extremista. Sus palabras sonaron crudas, con una exigencia que nos recordaba el “ganar como sea” de Carlos Bilardo, pero con el tiempo quedó claro que su estilo se convertiría en la fórmula del éxito.