Agosto de 2006. Buenos Aires. La Selección argentina de básquet, con su Generación Dorada en pleno, dos años después de ser campeona olímpica, concentra en un hotel porteño y se apresta para jugar a la noche un amistoso, como preparación para el Mundial de Japón. La tranquilidad de sus integrantes en el bunker elegido contrasta con los nervios y la emoción de otra figura del momento en el deporte argentino, en este caso de fútbol, que ingresa al lobby con dos amigos de Bahía Blanca.